Como zaragozano, me llena de orgullo y emoción poder formar parte de este acontecimiento, esta exaltación de la vitalidad de Zaragoza, que se lleva a cabo cada octubre. Un fenómeno que convierte a esta ciudad en un emocionante espectáculo lleno de luz, música y grandeza. De alguna manera, tienes el sentimiento de que Zaragoza está más viva que en otras épocas del año. Normalmente, el otoño está considerada una estación triste, en la que los árboles mueren y los animales se preparan para el crudo invierno; pero aquí todo es diferente. Fuegos artificiales iluminan el cielo nocturno, la comparsa de Gigantes y Cabezudos recorre las calles, la Virgen del Pilar es adornada con multitud de flores proporcionadas por los ciudadanos y la ciudad se llena de esplendor.
Lo mejor es poder compartir estos días con tus seres queridos, ya sean familiares o amigos, y aprovechar todos esos momentos memorables e irrepetibles que en algún momento formarán parte de la historia de nuestra vida. Sin embargo, en esta época, algunos jóvenes confunden el concepto de diversión, y es que no hace falta "beber hasta perder el control", como cantaban los Secretos, para pasárselo bien. Basta con aprovechar el tiempo, el bien más preciado, haciendo las cosas que te gustan y estando con las personas que te importan.
La última noche, los fuegos artificiales dan final a nuestras queridas fiestas patronales. Y de alguna manera no solo anuncian un fin, también anticipan que esto no ha acabado y que el año siguiente habrá más. Ahora es el momento de esperar con ilusión e impaciencia a las Fiestas del Pilar del próximo año.
Miguel Marco Martín
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